Cuando hablamos de metales, una de las primeras cosas que se tiende a destacar es el nivel de resistencia que muchos de estos presentan de cara a la corrosión. Este es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta en la elección de metales en muchas ocasiones. Pero ¿qué es la corrosión y por qué es importante reconocer la resistencia de los metales a ella? A continuación, te contamos todo lo que tenés que saber con respecto a este término tan empleado.

Hablemos de la corrosión

Si bien es cierto que la corrosión es especialmente un problema en construcciones industriales y en espacios exteriores, es importante no desestimarla en otros ambientes y actividades. Habitualmente, solemos encontrarnos con poca información con respecto a la corrosión, a cómo se genera, cómo prevenirla y qué materiales son los mejores para evitar problemas.

Por concepto, la corrosión consiste en el deterioro de un metal. Ello se da fundamentalmente como resultado de reacciones químicas entre el metal y el ambiente a su alrededor. El tipo de metal y las condiciones ambientales en que este se encuentra son los que determinan tanto el tiempo como la forma de este deterioro.

Relación de los metales con la corrosión

Lo primero que hay que aclarar es que, en realidad, todos los metales son susceptibles a corroerse. Uno de los que más velozmente sufre este deterioro es el hierro en estado puro. Por su parte, el acero inoxidable se corroe de manera más lenta, por lo que se suele utilizar para elementos tales como pueden ser los utensilios de cocina.

También hay otros metales que resultan menos reactivos y se corroen con mayor dificultad. Estos son denominados metales nobles. Los casos más frecuentes son los de la plata, el platino, el oro y el aluminio. De estos, con excepción del aluminio, la mayoría se encuentran escasamente en la corteza terrestre.

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Los tipos de corrosión

Podemos decir que hay diferentes tipos de corrosión. El modo que se produzca de este deterioro va a depender de distintos aspectos que incluyen el tipo de metal, la exposición, entre otras cosas. Los tipos de corrosión más frecuentes son los que mencionamos a continuación.

La corrosión general

Recibe este nombre debido a que se trata del tipo de deterioro más común en las superficies metálicas. Se genera como consecuencia de reacciones electroquímicas y químicas. Es un tipo de corrosión que puede provocar daños en los metales. No obstante, ciertamente es un deterioro esperable y del que se conoce bastante, por lo que es sencillo de predecir, prevenir y corregir.

La corrosión localizada

Como se puede comprender a partir de su nombre, es un tipo de corrosión que se genera solamente en determinadas partes de la superficie del metal. Esta corrosión se puede ocasionar de manera filiforme, por picadura o por hendidura, entre otras posibilidades.

La corrosión galvánica

Finalmente, debemos mencionar la corrosión galvánica. Se trata de un tipo de deterioro que se da especialmente cuando dos metales diferentes entran en contacto en el marco de un medio líquido. Uno de los casos más frecuentes es el agua salada. Como consecuencia de la acción del propio medio, las moléculas del metal que resulte menos noble de los dos viajan directamente hacia el metal más noble. Esto genera que el último de los dos se vea considerablemente afectado como consecuencia de la corrosión.

La corrosión ¿se puede prevenir?

Muchas veces, la corrosión se da como un proceso natural. No obstante, si no se previene, puede ocasionar la pérdida de propiedades mecánicas y la degradación estética de elementos en el metal que se está empleando. Esto es algo que puede evitarse. Lo primero para lograrlo es pensar las condiciones a las que los metales van a exponerse y elegirlos en consecuencia. En este sentido, si se sabe que serán metales sometidos a la intemperie, lo que se recomienda es elegir metales como el aluminio o el acero inoxidable, que presentarán una mejor resistencia.

Elegidos los metales, es importante mantener secas las superficies de los mismos. es fundamental evitar los estancamientos de agua, puesto que estos generan un ambiente propicio para la corrosión. También se pueden emplear barreras contra la humedad, fundamentalmente cuando se almacenen en espacios expuestos utensilios o herramientas de metal.

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